Luz a El Perro Amarrado

El Perro Amarrado de Luis Armando Sosa Gil FICM

Luz a El Perro Amarrado

Con todas las ganas de utilizar un texto que me parece brillante, utilizo su luz y me permito iluminar un poco El Perro Amarrado con todo el permiso que esto conlleve.

El lenguaje puede ser elemental o sofisticado, chato o expresivo, suave o violento, vulgar o fino. Pero el lenguaje, es simplemente, por complicado que sea en sí mismo, tan sólo una herramienta al servicio de la narración. El lenguaje así usado sirve para contar una historia y hacer, quizás, una muy buena película. Digamos una película como El Resplandor de Stanley Kubrick. Pero yo creo que el lenguaje puede ir más allá, y que cuando lo hace, puede empezar a entrar en la zona de fusión. Fusión final y definitiva con el contenido. Ahí se logra la alquimia de la visión concretizada.

[…] Los planos no son herramientas al servicio de la narración sino que son la narracción misma. Es decir, un plano de un perro puede ser dos cosas. Una, un perro presente, único, latente: cómo se le mira, cuánto y qué espacio del cuadro ocupa, cómo se le oye moverse o respirar, qué hace, cuánto dura la toma, cómo se inscribe ese perro en el espacio emocional de la película. Entonces estamos ante un perro, sintiéndolo como en la vida misma. En este cine el perro está vivo y es válido por sí mismo. Al mirar y oír a un perro de esta manera, el creador transmite una visión. El autor de la toma nos hace sentir cómo siente él mismo. La segunda opción es diferente: un perro está en el cuadro sin importar nada de lo anterior (es decir, cómo existe el perro en el espacio filmico). El perro ha sido filmado con el único proposito de poder contar algo que va más allá del perro mismo, por ejemplo, que el perro rescata a un hombre que se rompió la pierna al cruzar una zanja del campo. En este caso el lenguaje del cine nno tiene validez per se, tan sólo es una técnica de ilustración de narrativa literaria. Estamos ante la literatura ilustrada. Esto es lo que solemos ver cuando vemos películas.

La calidad del lenguaje en realidad es definitoria: precisa si hay ilustración, literatura ilustrada, o cine. Es decir, el cine, en última instancia, no es un lenguaje, sino que es una manera específica de utilizarlo: cuando uno usa el lenguaje con la intuición, o cuando la intuición acarrea ella misma el lenguaje, éste dice al creador. Ya no es el creador quien usa el languaje para decir algo. Cuando esto ocurre, la personalidad del autor brota como agua de manantial. Lo hace latiendo en el propio lenguaje. Al ocurrir este milagro, el lenguaje será de la máxima calidad posible pues es puro. Será el autor mismo. En lugar de recibir como espectadores de una película a un lenguaje neutro y técnico, por correcto que éste sea, lo que recubiremos será una manera de ver, una visión de la vida.

*Texto: Luz de Carlos Reygadas.