Que me lloren las lágrimas. Videoletra.

¡Que me lloren las lágrimas!

La escribí un verano con la puerta y las ventanas abiertas.

A veces quisiera que la vida me destruyera. Completamente. Hiciera trizas cada parte de mi y me abandonara a sólo llorar por el resto de mis días. Padecer un sufrimiento en el fondo del alma que jamás se agote, que jamás se agote en lágrimas.

Es muy difícil pretender que siempre pasará algo que rebase nuestra propia fantasía, pues es el mismo deseo enorme que contine todo lo posible para que lo que sucede suceda sin maravilla.

Cada vez que me le hablo a mis adentros, buscando palabras que guardé de ti, que escuché y guardé por mero instinto de supervivencia a tu recuerdo para cuando tú-mismo se haya ido; cada vez que me hablo de ti buscando una conversación sólo me encuentro solo en la pena de pensar sólo en ti, y la vergüenza de pensar sólo en ti.

Todas esas cosas que decías, todas esas cosas que contigo parecía se mantendrían. Todas esas cosas quisiera que la vida se las llevara. Por muy buenas que sean… ¡que sean llevadas!

Me sobran ganas de vivir como para vivir llevando día a día cosas que con cada beso me decías y llenabas, que con tus ojos me mirabas y contabas:

¡Que sean llevadas!
¡Que sean olvidadas!
¡Que me las arranquen!
¡Que me sangre la sangre!

¡Que me lloren las lágrimas!
¿De qué me sirven si tú no estás en ellas?
¿De qué me sirven si cada vez que vienen no estás para detenerlas!

[Sobre los deseos y el tiempo ocupado…]
[Los deseos:]
Quisiera que el tiempo más corrieda y con el tiempo corto reencontrarte.
Quisiera que supiera si volveré a verte, si yo volveré a tu casa, si volveremos a caminar por las noches, si te volveré a seguir yendo a tu lado o al supermercado, si cocinaremos juntos o si esperaré el baño después de ti, si después de comer podré tocar tu mano, si correremos por la tarde y volveremos: tú en bicicleta y yo caminando; si al llegar la noche compraremos un helado, si te esperaré sentado mientras la ropa se lava o se seca mientras tú sigues limpiando, si habrá que comprar un nuevo pan porque el de ayer se ha puesto duro, si lavaré los platos o tenderé la cama, si me levantaré en la mañana sólo para ver irte a trabajar, si te esperaré en la cama mientras tú trabajas, si te acompañaré a la escuela o si te acompañaré a una cena, si vestiré de camisa o playera para salir a bailar, si pensaré si mis tenis son adecuados o debería no pensar, si tendrás problemas con el carrro y caminaremos o en una bicicleta nos subiremos.

Quisiera saber tantas cosas.

[El tiempo ocupado:]
Quisiera  saber porqué nos extrañabas cuando nos conocíamos,
porqué de este silencio,
y porqué de tu tiempo ocupado.

Si por haberte amado demasiado vale la pena esperar…
…vale la pena esperar uno o dos años.

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ALGUNAS NOCHES ENTRE TANTAS O QUIZÁ POCAS

LuisosaOficial Luis Sosa

ALGUNAS NOCHES ENTRE TANTAS O QUIZÁ POCAS

Algunas noches mientras dormías y el sueño no estaba de mi lado;
esas noches,
algunas entre tantas
o quizá pocas
o eso me parece ahora,
sentía que te escapabas al cuerpo,
ese mismo cuerpo que mis brazos cubrían y tu alma quién sabe dónde navegaba.

Una angustia,
un terror de perderte,
no encontrarte aún cuando te abrazaba.

Tu sueño,
ajeno e inocente,
me enfrentaba sin siquiera decirlo,
se ocupaba de ti
y lo seguirá haciendo
aunque ya no esté ahi…
pero esas noches,
algunas entre tantas
o quizá pocas
o eso me parece ahora,
yo te rodeaba con celo y protección,
según yo,
cuidándote de esos sueños que podría reconocer de entre los míos
y pudieran asustar tu alma,
tu calma
y agitar tu respiración.

Esas noches entre tantas
o quizá pocas
o eso me parece ahora,
dormitaba y despertaba:
la oscuridad me despertaba:
Unos haz de luz,
apenas unos hilos dibujaban tu compañía
y mi brazo que también dormía
no era más que la forma de saber que la noche seguía larga
y mis sueños cortos.

El tiempo parecía alargarse en tu habitación,
tomar las paredes y estilarlas;
llevar y perderlas en el sin fin de la noche,
aún más en la propia oscuridad
y la penumbra que silenciaba los pocos sonidos que seguían despiertos;

Las horas no eran horas,
este tiempo transformado y desfigurado,
largo en mi letargo,
abandonaba mi consciencia
y te miraba:

Tu sueño,
ajeno e inocente,
me confrontaba
y se ocupaba de ti
mientras yo aún te abrazaba seguro,
pensando
qué pasaría si la misma noche te oscurecía
y hacía dormir tu respiración como otros ruidos que se habían hecho silencio.
Eso me aterraba.

Y tú
a mi lado,
te acariciaba,
acercaba mi mejilla a tu rostro buscando el calor que confirmara que seguías ahí,
conmigo.
Ese no era mi terror:
abrazarte y no encontrarte,
que te hubieras perdido en el sueño y nunca regresaras,
y yo,
por el mismo miedo,
no dormía,
sueños cortos para mantener la vigilia,
cortos al fin,
cortos en una noche que permanecía infinita,
eterna
y eso no me asustaba
porque entre más tiempo el tiempo se tomaba
más tiempo la noche me permitía
ahí contigo,
a tu lado,
sabiéndote cerca mío,
sabiéndote ahí conmigo,
al fin y al cabo
en la inmensa oscuridad,
los dos acompañados.

Esas noches entre tantas
o quizá pocas
o eso me parece,
las extraño ahora.

LA VUELTA AL DÍA

sin la noche contigo

LA VUELTA AL DÍA

Que me duele aceptar que te sigo queriendo
que espero tu llamada sin aceptarlo
que la vuelta al día es contigo,
tú a la mañana, sin la noche conmigo.

Has de saber que te sigo queriendo
que siempre lo acepté, siempre lo sabré
que hasta hoy pienso tanto y no hay más
tú a la memoria, sin la noche contigo.

Que hasta he pensado que alguien llegará
pero creo que la pasión por quien lo hará
será el amor guardado, imposible a ti
será el amor imposible, guardado a ti.

Te dejé a sabiendas mi cariño y mi convicción, / tú
que espero, aún tu llamada, es la cuestión
que lo que venga no será mejor, algo espero yo
tú a lo que hubo y hay, sin la noche contigo.

He dado cuenta de mi amor
que me enamoré de ti cuando sabía que no eras tú,
que seguí para ti hasta que estuvieras ahí donde te inventaba
tú a lo poquito que me dabas, sin la noche contigo.

Ya estaba perdido aún con mi corazón contigo
que no duelen los pretextos ni el tiempo ni distancia,
que de ser todo a ser nada donde tú me mirabas
era soltarte, sin enamorarte en las noches conmigo.

Que me duele aceptar que te sigo queriendo
que veo cómo pasan los días sin quererlo
que la vuelta al día es contigo,
tú a la mañana, sin la noche contigo.

LA CARICIA DEL TIEMPO

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LA CARICIA DEL TIEMPO

Te quiero decir todo;
déjame intentarlo,
que este terror me tuerce los huesos,
me dudan, me sudan los pelos.

Cómo acercame a pedir tu paseo,
traerte al camino de tachuelas
que lastiman de mis pies la cabeza.

Cómo acercarme a pedir un consejo
si hundes con tus ganas el campo de mi alma:
dispersas las dudas,
dispersas mi pecho,
callas, hoy día, el remolino de anhelos.

Déjame intentarlo;
callado, angustiado o preocupado.

Cómo hablarte de los miedos
que se olvidan al canto del viento,
de tu compañía o la caricia del tiempo.

Cómo hablarte en silencios
que se tiemblan con mis nervios:
callarme, hundirme o volarme los sesos.

Callado, angustiado o preocupado.
Quizá un mar de palabras,
abismo grácil;
rehuida del anzuelo,
celoso del consuelo:
de un abrazo;
de un ‘te quiero’,
de ti,
de mí,
de uno…

Eludir tus oidos.

Se me secan mis delirios, mis inventos;
se retiene en tus ojos, mis ojos, el tormento;
caen como lluvia, las gotas que oigas,
mueren al suspiro con la caricia del tiempo.

Quiero decir todo;
déjame intentarlo,
que este terror me tuerce los huesos,
que mis miedos, mis inventos me envenenan
y me sudan los pelos.

Déjame intentarlo,
que antes del suspiro agradezco tu compañía
como una caricia del tiempo:

***

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ME GUSTAS CUANDO CALLAS

ME GUSTAS CUANDO CALLAS
por Pablo Neruda

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.