CABELLOS CORTOS. UN CUENTO SOBRE ANGÉLICA MARÍA.

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CABELLOS CORTOS

—¡Quizá podría ser yo…! —dijo la pequeña levantando su larga y abundante cabellera.

Yolanda Ortíz, tía de Angélica, miró apenada al resto de los invitados y todos comenzaron a reir. Gregorio Wallerstein, afamado productor de cine, tomó pie y comenzó a aplaudir.
—Verá, Gregorio, no sé si su madre esté de acuerdo…
—¿Para qué? —preguntó confundido.
—Para que la niña pueda formar parte de su elenco… Además usted busca a un niño y no una niña.
Angélica soltó su cabello cuando regresaba a sentarse correctamente y en silencio. Los espectadores de aquella mesa habían vuelto a sus temas de interés mientras Gregorio seguía observando a las dos mujeres: Yolanda acomodaba el vestido y susurraba al oido de la niña palabras inaudibles, pero que suponían se trataban de un inutil consuelo o alago para hacerla sentir mejor. Gregorio quedó maravillado al ver cómo la pequeña Angélica obsequió al poco tiempo una sonrisa a su tía sin necesidad de fingir. Fueron las palabras, o bien, veía en ella a una mujer de corta edad que podría figurar inteligencia, belleza, y sobre todo, entuciasmo.
—¿Qué edad tiene? —regresó al tema el afamado productor.
Yolanda volteó a la niña y luego volvió al productor:
—No pensará vestir a una niña de hombre para su película.
—¿Qué edad tienes?
—Ocho, señor. Ocho.
—¡Justamente lo que buscaba! —Volvió a tomar pié y habló a los invitados de aquella fiesta tan concurrida: —Señores, la nueva estrella del cine mexicano… —voltearon todos al oirle y continuó apuntando a la niña: —¡Angélica María!
Los aplausos de una mesa y otra… y otra se hicieron escuchar.
—Señorita Ortiz, debería sentirse alagada de saber que en su familia el amor al arte lo llevan en la sangre… ¡y sabe qué! Esta pequeña no ha sido la excepción, a menos ser que usted esté pensando en concluir una recta que tanto les ha costado a usted y el resto de su familia.
—Estoy muy de acuerdo con usted, Sr. Wallerstein, pero vestir a una niña de hombre… ¿cree que su madre lo considerará?
—Es lo de menos. Que niegue una opornidad a su hija de iniciarse como actriz es lo de menos.
—A mi mamá le encantará. —interrumpió la niña.
—¡Lo vé! Se vé en ella el entusiasmo por convertirse en gente de la pantalla y los grandes escenarios.
Angélica que aún sentada escuchaba las palabras del productor volteó en busca de una mirada de su tía que también lo observaba, cuando al fin dirigió su vista a la niña, ésta sonrió fascinada, ella regresó a mirar al productor y dijo:
—Hablaremos con tu madre al llegar a casa. —se acercó nuevamente al oido de la niña y se escuchó: —¡Serás grande! —y Angélica, la niña de 8 años volvió a sonreir.
—¡Serás grande! —dijo el productor.
<<Seré grande>> pensó para sus adentros mientras la gente continuaba aplaudiendo.

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de LuisSosaMx Publicado en Cuentos

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