ENSAYO CRÍTICA ANÁLISIS: ESTUPOR Y TEMBLORES / AMELIE NOTHOMB

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ENSAYO / CRÍTICA / ANÁLISIS
OTRO MUNDO. POR AMÉLIE.

Me senté al atardecer buscando cómo organizar ideas. El sonido de un avión que pasaba cada cinco minutos interrumpía mis pensamientos, fallaba a la coherencia que tanto me cuesta llegar. Sobre mi escritorio, entre títulos, se leían palabras como: H. Smith… Páramo… Frank… (Frankenstein, supuse que debía ser)… Nietzsche… Y así llegó a mí. Recordé la cita que tanto que me gusta: “Se sienten orgullosos de algo que tienen… ¿cómo llamarlo? ¡Ah sí!, cultura.” (Nietzsche 18).
Como lector podrás preguntarte el qué tiene que ver Nietzsche con Nothomb en su novela autobiográfica Estupor y Temblores. Lo mismo que tú, hice yo cuando se me ocurrió.  Decidí sacar de entre el montón el libro que cité. “¡Ah sí!, cultura. Ellos piensan que eso los distingue de la gente baja, de ahí que les disguste tanto la palabra desprecio, cuando se les aplica” (Nietzsche 18,19). Y una vez más me dije: de aquí partiré.
El punto no está en si será el filósofo quien critique a la literata,  sino más bien de qué manera puede esta cita medir el orgullo de los personajes en tanto su cultura: occidental u oriental, y con qué etnocentrismo pueden darse el lujo de despreciarse.
A primeras páginas de Estupor y Temblores se muestra la alegría del personaje principal, Amélie-san (nacida en Japón con cultura belga de Europa Occidental), de trabajar en la empresa Yumimoto con idiosincrasia firmemente empresaria-oriental en la cuál convive por largo tiempo, suficiente para desear salir y continuar otros caminos.
¿Qué es lo que lleva a Amélie-san a esperar la fecha en que concluye su contrato para no regresar y hacer de su trabajo otra forma de vivir, como es el escribir novelas?

Hay autores que plantean el término etnocentrismo como aquello que lleva a uno mismo considerar a su cultura superior a otras y en ocasiones mantenerse cerrada a cualquier contraparte u oposición para no mezclarse y perder valor como tal. El personaje Mori Fubuki podría encarnar claramente esta condición y reflejarla en sus diálogos contra Amélie, donde la considera inferior: uno, por ser de pensamiento occidental; dos, porque quizá sea que su ‘occidentalismo’ la haga torpe y errante en todo lo que hace y dice.
Amélie, por otro lado, siempre está marcando –como narradora- características y enfatizando la diferencia que existe entre lo que ella considera una amiga, un puesto y relaciones de trabajo con lo que Fubuki le echa en cara que esto que piensa no es otra cosa que una ideología a falta de visión y –quizá- filosofía.
Como defensora de sí misma, encuentra actividades ‘divertidas’ que la hacen escapar de muchos comentarios negativos [“Es típico de los seres que ejercen oficios lamentables construirse lo que Nietzsche denomina ‘otro mundo’, un paraíso terrenal o celeste en el que se empeñan en creer para consolarse de lo infecto de su condición. Cuanto más vil es su trabajo, más hermoso es su edén mental” (Nothomb 123)];  se ensimisma [“respetar a mis superiores no me impide conservar mi espíritu crítico respecto a algunas decisiones” (Nothomb 114)] para mantener su compostura hasta el final de la novela, donde no vemos mas que una mujer que no cambió radicalmente, sino que aprendió de ello y tomó lo necesario para continuar. En todo momento encontró que podía justificarse pero sabía que sería reprimida por apelar la palabra de un superior, en una cultura diferente a la suya. A lo que me interesa llegar es destacar que a estas últimas descripciones que he hecho en la relación de los personajes entraría un complemento más del filósofo Nietzsche, que aún cuando no es el fin de su escrito, puede verse aplicado en otra interpretación en tanto a la novela y funcionar como buen argumento.
“Ahí están riéndose de mi –dijo en su interior- no me entienden. Mi boca no está hecha para esos oídos. ¿habrá que romperles los oídos para que aprendan a escuchar por los ojos?” (Nietzsche 18). Amélie se guardaba cada que escuchaba reír a un japonés de todo lo que ella era capaz, especialmente cuando al final de su contrato habla con Fubuki y ella suelta a carcajadas de verla decir que podría enseñar francés, ignorando su título de profesora por el simple hecho de no haber correspondido ideológicamente a los requerimientos de la empresa y por lo tanto se verse en descenso; de contadora a servicios de baño.
Hemos aquí la fuerza empresario-oriental con la que Yumimoto pudo oprimir de sus capacidades a Amélie y no darle la oportunidad de mostrarse como tal, de haberla despreciado hasta el punto de encerrarla en un mundo mental alterno por el cual podía escapar. Encontrarse, ella, en una empresa sin ningún personaje que pensara igual, se limitaba a mantenerse y poder defender su ideología como hubiera podido ser.
Como al principio se planteó el punto de en qué medida el orgullo cultural puede generar desprecio ha quedado resuelto. Fubuki, en una empresa llena de japoneses y de cultura oriental, tuvo el apoyo para enfrentar a la joven occidental, le dio fuerza de disminuirla al grado de enviarla a servicios de baño con el pretexto de tampoco tener capacidades ni para limpiar retretes. En Amélie quedó la sumisión –que ella afirma y no se puede negar-; quedó consumida y callada toda opinión que pudiera provenir de ella, todo lo que hacía se le consideraba dañino y desleal a ‘su’ empresa, Yumimoto.
¿Qué es, entonces, lo que Amélie hace para decidir no renovar su contrato? En un momento inexplícito de la novela queda claro que a causa de su incomodidad salió y buscó su tierra, su cultura, su gente: Europa, tomó fuerzas que ella sabía tener y desde allí demostró a través de su literatura la capacidad que tenía, la capacidad de escribir y conmover a un público, un público en el que se encontró Mori Fubuki, de Yumimoto.

Trabajos Citados
Nietzsche, Friedrich. Así habló Zaratustra. México : Tomo, 2009
Nothomb, Amélie. Estupor y Temblores. Barcelona : Anagrama, 2008.

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