JUEGO DE PALABRAS

JUEGO DE PALABRAS

¿Recuerdas cuando te hablaba? Las tardes eran Tú y una vez más Tú. Escribía por ti.
¿Quién diría, verdad, que al día de hoy seguirías siendo sólo un holograma?
Ja’ un holograma. No fue contigo mi primera vez en una 3D… no fue contigo tampoco creer que podía suceder.
Llamé una vez más a tu tienda y no respondiste.
-¿Te está gustanto el campamento? – te pregunté.
Nunca diste respuesta, tú solamente preocupada por si los niños que jugaban a colgarse entre las ramas se fijaban en tu cintura, en tus labios o en tu pequeño trasero. Pero así me gustabas.
Una vez pasaste por mi casa y no tocaste la puerta. No tomabas en cuenta que suelo salir a tomar el sol al balcón de mi casa. Ni para arriba volteaste a ver, caminaste a la esquina y subiste al transporte.
Será que la puerta era muy muda para dejarse sonar o será que mis oidos muy sordos para derjarla escuchar. Nunca dijiste ‘no’. Pasé frente a tu casa en un auto que no reconocerías, no era mío. Lo robé. No hay crimen, lo he regresado con intereses y tanque de gasolina lleno. ¡Vamos a nadar! era mi intensión de salir de casa.
Invetenté palabras para nombrarte y no te dieras cuenta, aún tú presente. Te sigo teniendo tanto miedo. Eres una mujer que tras esos cabellos dorados, esos labios indescriptibles y tus ojos profundos que me dicen seguridad y nostalgia… eso es lo que me gustó de ti. Tus ojos verdes, o luego azules… ese cambio de color con tu forma de vestir. Luego negros.
Cuando deseaba el juego por las palabras que pudiesen traducir la verdad que escondías tras esas palabras y argumentos inútiles que te hicieran sentir mejor, que si estabas oculta en tu jaula de zoologico los que te vieran supieran que eres capaz de salir y deborarlo. Tus mejillas. Pero eso murió ayer.
Hoy guardo algunas fotografías que nos tomamos entre bortargas y parques de diversiones. Un gran algodón de azucar sabor vainilla como el color de piel. O ese olor que siempre dejabas al paso en tu entrar y salir de mi habitación.
-Amigos… -fue lo único capaz de lo que fuiste posible de pronunciar. -¿A qué te dedicas? -fue tu última pregunta antes de dejarnos de ver nuevamente.
-Soy actor. Ya no estudio. He dejado mi carrera y soy actor.
Tampoco nunca comprendiste mi inutilidad para ser exitoso como tú: ni en el trabajo, ni en la escuela, ni en la forma de abrir una relación de amor. Me quedo, entonces, sólo con el único recuerdo que reproduce la fotografía. Las fotografías que en este momento siguen contando historias, que en este momento envuelve al álbum de un vacío extraño e insasiable. Un vacío extraño que ni la misma actuación, que en algún momento admiraste, me ha dejado escapar de ello.
Por un sin fin de ilusiones, fantasías, mundos imaginarios y mentiras que te creé, hoy sigo esperando bajo mi coche afuera de tu casa a que un día salgas y vuelvas a decir un: Te quiero; un Te Extraño; un Eres Lo Mejor en Mí… algo corto pero que me hiciera saber que viene de ti y no de un libro de Cohelo o Naruda que sueles citar.
Seguiré esperando fuera de mi coche tanto tiempo sea necesario para cumplir lo que según mis pseudónimos, el mundo nos ha destinado. Seguir juntos y volver a viajar a donde siempre te gustó… a la verdad de conocer al otro. Esa donde nunca llegaste sola. Esa donde nunca llegué solo. Esa donde seguimos ocultos y enterrados, esa que no se ve y sólo vive en la mente, esa que sólo puede remitirse a una simple fotografía que me recuerda cuánto descubrí en tanto tiempo que tú te fuiste.

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