OCULTANDO

Había pasado toda una tarde de lluvia, desde que se suponía que saldría el sol hasta que se ocultaría. La gente en la calle con sus sombrillas cuidàndose de no mojarse. Hoy enfermarse de una gripe puede llevarnos a la muerte, un nuevo virus ha aparecido y los centros médicos se ven limitados a atendernos. El cielo se deja ver azul y se sigue gris; está lloviendo, aún de noche.
Llego de noche, después de una decena de horas fuera de casa; conecto mi computadora portatil a la luz y presiono el botón de encender; dos segundos, tres… cuatro… algunos más y estoy en línea. La señora de la casa me ha sugerido días antes mantenerlo apagado porque los focos prenden y apagan como si bailaran, “como un árbol de navidad”, dijo esa noche. Busco entre los contactos un número que me sea alentador; no hay nada. <<Sería bueno enviarle un mensaje y decirle que le quiero>>.
Vibra mi celular y se enciende.
<<Un mensaje>> nunca pensé que de quien estaba pensando…
Leo ávido…
No hay nada que me haga bien. Ha llegado el momento de cambiar de dirección y agradecer lo que he disfrutado.

Se me ha ocurrido comenzar a escribir un cuento, pero siempre hago lo mismo, regreso a mis anécdotas y es algo que no disfruto porque entonces me leerían a mí y no mis obras. Que lean mis obras y gusten es lo que quiero, lejos de si soy importante o no, o si debo esconderme en el anonimato, sólo quiero saber que eso es importante.

Hoy tengo una conferencia en el Salón Hidalgo, un salón sobre la avenida principal de la Ciudad, hora de que los medios se enteren y hablar de mi libro. La librería estaba llena, yo firmando libro tras libro, los admiradores no dejaban de felicitarme y pedirme fotos, que no negué, creo que si han venido de muy lejos es para presumir a su regreso que han estado con alguien que ha escrito un libro que ahora es muy importante. Un mes antes no había ventas, ni lo mencionaban. Cuando llegué a la ciudad, en la terminal de autobuses estaba una chica y un chico leyendo mi libro, a una distancia que me decía que el chico no la conocía, ni ella a él, cuando bajé del autobus me percaté que se miraban y se sonrieron, luego me miraron y bajaron su mirada al libro; no se volvieron a mirar.
Sigo pensando qué diré en el Salón; está 4 pisos bajo mi habitación; en el hotel.
Reviso mi twitter y publico: “El camino de la luna en las olas del mar; tu y yo desnudos en la arena.”
Sería conveniente enviarle un mensaje y decirle cuánto le quiero.
Vibra mi celular y se enciende.
No dejo de pensar en ti. Te quiero.
Me ha dejado en un trance donde todo viene y va de mi mente. Llamarle; eso haré. No, no… todo lo habíamos dado por terminado.

Siempre vuelvo a lo mismo. No le dejo de pensar.

La mujer se la banca frente a la mía espera sentada con las piernas cruzadas; la derecha sobre la izquierda. Parece esperar a alguien.

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