UNA CARTA INTERMINABLE

Una carta con recuerdos
dedicado a un amor en secreto
y a los seres que le rodeaban;
la Srita. Paradigma, Sr. Estereotipo
y a mi estimadísimo Don Pecado…
que decía “la edad acaba al amor. Si quieres
ir al cielo vete con alguien como tú”


“Amor:
Recordarás que en esto de cartas y dedicatorias sería como escribir con la mano izquierda (todos los prensamientos los escribía siendo diestro) y es del lado que flaqueo.
Te podría saludar -Hola ¿Cómo estás?- y por costumbre esperaría que respondieras: Bien. Mucho gusto. ¿y tú? Solías hablar sólo lo necesario y lo demás a los deshechos, al fin y al cabo si alguien ocupaba algo podría pedirtelo.
Tengo tanto que recordarte.
Los últimos días he dejado de  pensar en el presente y amar en el momento. Ahora sólo vivo en agrietados recuerdos que hostigan el alma y desasosiegan el espíritu de la esperanza.
Empiezo y termino muy pronto todo lo que te quiero decir… no tengo tanto tiempo como hubiera querido para detenerme y detallar cada uno de los recuerdos como si los estuviera reviviendo; esto de pensar en el después me provoca tanto terror… por eso me refugio en tí. Cariño. (como nunca te dije).
El tiempo sigue marchándose y yo sigo siendo nómada. Si volvieras podría caminar unas cuadras contigo acompañándonos de una buena charla que durara horas… y así hacerlo mis últimos momentos. Me agota pensar en el tiempo y la distancia.
¿Dónde estás? Nunca me dijiste a dónde ibas. La última vez que me contaron de ti fue que habías salido a Grecia, de vacaciones. Me ganaste a ir; luego iré yo. Pero cuéntame dónde estás.
Tú nunca respondiste ninguna de mis cartas. Realmente no soy conciente si aún vives en casa de tus padres. Yo sí los dejé y me dediqué a aprender a vivir. ¿Y tú con quién te fuiste a Grecia? Recuerda que te dije que me parecía maravillosa. Tú que ahora la conoces, esperaré a recibir una tuya.
Ya hacen muchos años que no te veo. Se me ha olvidado tu nombre, tu cara y cómo sentía al abrazar tu espalda o verte tocar mis labios.
Todas las noches antes de dormir reviso la caja del buzón, esperando encontrar algo que me diga dónde estás… lo único que encuentro son siempre mariposas blancas que vuelan en la misma dirección… dejan un espectro de luz y recuerdo el calor que los autos dejaban en la ciudad. Reviso las llamadas y no hay mensajes grabados; siempre es lo mismo: pagar el teléfono, la luz, las cuentas… siempre es lo mismo. Ya no trabajo; se han acabado mis ahorros en las incansables búsquedas de señales que me digan que aún vives. Siempre pienso que volverás… como algún día lo dijiste. No te gustaba verme triste; ahora lo estoy… seguiré pensando en algo que me quite esta melancolía… cómo tú solías hacerlo.
Reías de mí cuando tartamudeaba. He aprendido a dejar de hacerlo, o por lo menos lo hago menos… Intento ser feliz, pero tú no me vez sonreír. -Tu sonrisa es muy bonita- me decías y sólo te quedabas mirandome… me contemplabas hasta que pasara el efecto, luego me regalabas un beso.
¡Cómo te extraño!
Te dije que te iba a extrañar cuando te marcharas… cuando te fueras… Tú no querías ir. Yo no queria que te fueras.
Aún guardo la corbata de papel que me obsequiaste. Nunca la usé, excepto una vez, pero la gente no paraba de reír. Me tomaron una fotografía; esa te la enviaré después. Me divertí… cuando bailaba pensaba en ti. ¿Algún día bailamos juntos? No, que recuerde nunca sucedió así. Nunca ibamos a fiestas juntos; no compartiamos gustos, pero eso me gustaba. ¿Cómo fue que seguimos juntos?
Ayer cumplí 3 años de no ver a mis padres; mi madre como de costumbre me saludó y me ofreció algo de tomar, intentó ayudarme con unas bolsas de vestuario para la obra de teatro que te conté en la carta anterior. Mi padre no tomo pie. -Ve a saludarlo- me dijo mi madre y le negué -Es tu padre, cada vez se pone peor.- no sabía que responderle y sólo le dije: Mamá, le dije en voz baja para que no escuchara mi padre- él y yo nunca nos hemos llevado. Todo es coordialidad. Pero insistió -No sigas eso. Es tu padre.- siempre me lo repitió.
Sabrás que no fue así como ocurrió, en en cuenta que recordar conversaciones soy tan malo como en el futbol. Al poco tiempo que te fuiste te viaje entré a un club para distraer la mente; fueron muchos meses que te esperé con ansiedad. ¡Nunca metí un gol! Siempre, antes de medio tiempo, me enviaban a banca. En lo que sí fui bueno era en el agua; tú me presumias ante tus amigos… y te daba risa cómo me apenaba. Entré luego y me retiré, ya no era para mí, sólo iba a desahogar. Nunca me viste nadar.
El reloj, todas las noches, suena tic-tac, tic-tac, tic-tac… como cuando dormías conmigo. Tu almohada aún sigue en mi casa. La he lavado algunas veces para evitar que se llene de bichos. Siempre reías de mí cuando intentaba matar abejas, cucarachas y todos esos insectos que nos solían visitar. Extraño tus zapatos. Compraba unos como los tuyos, del mismo modelo y número, según confiase en el calzado. Tenías pie grande y eso era algo que te molestaba y querías cambiar. Yo sólo disfrutaba verte cuando te decían que no había para usted. Tenías buen gusto por los zapatos. Aunque no te gustaba que matara los bichos con los tuyos he de confesarte que lo hacía y antes de que te dieras cuent ya los había limpiado.
Sé que te puede parecer un poco larga esta carta, pero lo hago así porque no sé si tenga la oportunidad de hacer otra y aún me alcance a enterar de que te llegóóóóóóóóóóóóóóóólp,.ñññ.,–,.´lñ,.

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