CUENTO: DRA. PSICOANALISTA

He llegado como de costumbre a mi cita. 12:30 de la tarde para ser exactos. Aún no subí al elevador cuando ya me había marcado a mi número de celular.

 

-Si… ya no tardo en subir.- y en seguida colgué.

 No sé cómo es posible que tanta desesperación por atenderme. Total, soy un cliente más, alguien  más que ocupa de su tiempo, cuando puede estar con su marido en otro sitio, o con sus hijos bajo una carpa de circo, que si bien va, les toca hasta delante en el show que sucede al atardecer, y sin embargo insiste en que debo estar presente y puntual. Yo pensé que era puntual llegar al edificio a las 12 con 30 minutos, pero al parecer esa es la hora que debía estar presente esperando a que saliera un paciente antes que yo. Las puertas del elevador se han abierto. Y es increíble que estas puertas por arte de magia sepan que se deben abrir. He subido. Tanto botón, tantos pisos, si fuera mi primera vez debía a haber preguntado en recepción a qué botón amarillo apretar para que luego se volviera rojo y en unos cuantos segundos estar frente al consultorio. Presiono 6. También me pudieron haber mandado algún tipo de Botones para que me ayudara. ¿Cómo podría haber platicado con Botones? Buenas tardes. Buenas tardes, me respondería. Al piso de la Doctora… ¿cómo se llama?… pensaría al ser mi primera cita. ¿De la Psicoanalista? Si, respondería en seco. Y pasarían los segundos mientas continua el elevador subiendo. En el indicador se ha encendido el piso 3. O bien, pude haberle dicho: ¿cómo se encuentra su madre? Puede que se ofendiera, pero me disculparía antes de su reacción. Digo, si, su madre, ¿ya se ha recuperado? ¿Recuperado de qué? ¿Cómo sé que se encuentra enferma? No, respondería. Una enfermedad nunca desaparece, de eso estoy seguro. Dijo un poeta: "el amor es una enfermedad". No recuerdo qué poeta, pero concluyo que podría que el amor tampoco se cura. ¿Existe el amor? Si, respondería Botones. Y me quedaría callado meditando su respuesta. Piso 4, ya casi llego. Es una ansiedad de verle de nuevo. ¿Y si ya no se llama Ángela? ¿Qué tal si me atiende su practicante? No me imagino entrando a su consultorio. Piso 5. Ya se acerca la hora de volver a verla. No creo que se me insinúe de nuevo, pero al pensarlo mi sangre bombea y mi pene se comienza a ensanchar, hasta mi bóxer, algo ajustado le impide moverse. ¡Qué bien que los bóxer ajustados no hacen que se note mucho y los penes no anden sueltos! Puede que me toque la pierna y la comience a arrastrar a lo largo para llegar a mi entrepierna. Mira mi pantalón. Hay un pequeño bulto. Muevo mis pies, esos converse son muy buenos, combinan con todo. Pero ya se nota que he tenido una fantasía. Me bajo la playera para intentar disimularla. Está la cámara de video. Me han observado mientras pensaba en la Doctora. ¿Y si hice una expresión lujuriosa? No me queda ninguna duda de que seguramente lo he hecho. Suena un timbre. Miro al indicador, se pone en amarillo <PISO 6>.

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Un comentario el “CUENTO: DRA. PSICOANALISTA

  1. Hola Luis, he leido todas tus entradas y debo confesarme una gran admiradora. Tienes un gran talento tanto como de fotografo como de escritor. Quisiera ser la razón de tus escritos, la razón por la cual tu pene se ensancha, quiero ser la razón de tus más locas y sexuales fantasías. Quiero que sepas que cada vez que te leo me excito a puntos insospechados, quiero ser tuya, contactame.

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