RELATO: EL TIMBRE

Sobre la avenida principal, por la derecha a cuatro metros está la playa, a la izquierda, la zona hotelera, siguiendo sobre el estrecho pavimento llega a un final, se acabó el camino.
Allí está un pequeño edificio de dos plantas, se levanta sobre una plataforma de metal oxidada, quizá de medio metro, no va con la madera roida del edificio que o es gris, o alguna vez fue negro.
En la parte de enfrente está la puerta, si así se le puede llamar, más que asegurada está sobrecolocada. En la planta alta dos ventanas, en una se ve oscuro y en otra una pequeña luz que refleja en los vidrios sucios una silueta en movimiento. En medio de las dos ventanas se lee un letrero que poco se entiende. Nos acercamos para leer y vemos una rata colarse por un orificio de la puerta. Dos castillos se levantan para soportar por las esquinas el angosto balcón que se asoma en muy mal estado, tres tablas faltan y cuelgan algunas telarañas.
Continuamos caminando y llegamos a la puerta, ententamos abrirla. Un chillido que eriza la piel hace sonar, entramos. Un gran vestítublo que no nos imaginariamos su tamañp por la parte exterior. Enfrente se lee “Recepsión”, una mala ortografía. Se nos ha olvidado leer el letreto que estaba en mal estdo y que colgaba entre las dos ventanas.
Llegamos al cubículo de recepción, una mesa de dos metros se extiende a lo ancho: hojas, lapiceros, documentos… todo regado. Dificilmente disinguimos el timbre….

¿LO TOCO?

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